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Fobos saliendo de un eclipse.Sol 1730

jueves, abril 13, 2017

Un cielo en movimiento

Recreando el futuro desplazamiento de 2 millones de estrellas de nuestra galaxia.

Tiempo atrás se consideraba que eran puntos de luz fijos, firmes y inamovibles. De ahí deriva la palabra Firmamento, que nos recuerda lo mucho que hemos avanzado en el conocimiento de nuestro mundo y su posición el el Universo. No fue un proceso sencillo, ya que contradecía la visión aristotélica del Cosmos adoptada como propia por las autoridades eclesiásticas, pero lentamente la verdad se fue abriendo paso a pesar de la resistencia inicial a su aceptación. Sería Edmond Halley, al utilizar los catálogos estelares creados por Hiparco de Nicea y compararlos con los actuales, quién primer advirtió las ligeras diferencia de posición de algunas de ellas. Era el principio de una revolución.

Hoy día el movimiento propio de las estrellas es bien conocido, especialmente en el caso de algunas cuyo cambio es perceptible casi año a año (Aunque en descargo de nuestros antepasados, suelen ser astros muy tenues no visibles a simple vista), como es la conocida como Bernard. Pero la llegada de Gaia prometió llevar esto mucho más allá, abriendo el rango de estrellas cuyo desplazamiento conocemos con precisión hasta los 1000 millones, una cifra que aunque pequeña en comparación al total de la Vía Láctea, que algunas estimaciones elevan a 200.000 millones, no deja de ser asombrosa. Y aún más importante, suficiente para extrapolar los datos al conjunto, y con ello levantar un mapa de nuestro galaxia en el espacio y el tiempo, que permita a su vez conocer su evolución pasada y futura.

Aunque no será hasta 2018 cuando se publiquen la totalidad de la información reunida por Gaia, la primera liberación de datos, realizada a finales de 2016, permitió ya tener acceso, además de la posición y datos sobre su naturaleza de esos 1000 millones de estrellas, al movimiento propio de alrededor de 2 millones de ellas. Una cifra lo bastante importante como para poder tener una visión en conjunto y a lo largo de varios millones de años en el futuro, del fluir de este rio de estrellas del que formamos parte.

En total esta simulación abarca exactamente 2 057 050 estrellas, dentro de las cuales se suman las 24 320 catalogadas anteriormente por la misión Hipparcos, y partiendo de la posición actual de cada una de ellas, extiende su movimiento en el firmamento a lo largo de los próximos 5 millones de años. A lo que se le suma el propio desplazamiento del Sol, que no deja de ser la estrella desde la cual observamos todo. El resultado es algo totalmente opuesto a la idea de algo inamovible, que no era sino una ilusión fruto de las escalas temporales en las que nos movemos.

No deja de ser una mirada aún limitada, donde no se tiene en cuenta, por ejemplo, la presencia y movimiento de grandes nubes de gas y polvo, que podrían esconden en el futuro a muchas de ellas, y lógicamente no se tienen datos de estrellas que actualmente podrían estar escondidas por estas y hacerse visibles para nosotros en el futuro. Igualmente siguen habiendo no pocos vacíos de datos, con franjas oscuras que marcan los diversos escaneos de la Bóveda Celeste. Pero no deja de ser una previa de lo que está por llegar, cuando en Abril de 2018 se publique la segunda y definitiva tanda de datos, que incluirá no sólo las posiciones, sino también las distancias y los movimientos propios de más de mil millones de estrellas, así como las velocidades radiales para un pequeño subconjunto de ellas. 

Esto marcará una nueva era en el campo de la astrometría (rama de la astronomía que estudia el movimiento de los cuerpos celestes), permitiendo a los científicos estudiar las posiciones pasadas de las estrellas, para explorar así la historia de la formación de nuestra galaxia, y predecir sus posiciones futuras a un nivel de exactitud que nunca se alcanzó antes. El largo camino empezado por Edmond Halley está a punto de llegar a su máximo esplendor, construido sobre las ruinas de una visión del mundo que ya quedan muy atrás.

El viaje empieza con el firmamento actual, con alienaciones familiares, como Orión. Pero pronto se desvanecen al avanzar en el futuro, ya que no son más que eso, alineaciones puntuales y transitorias en el mar de la historia.

 
Gaia, explorando nuestra galaxia de forma tridimensional. 
 

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